jueves, 1 de noviembre de 2012

Esa no soy yo


Esa no soy yo, originalmente cargada por lamismandrea.

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“Esa no soy yo”, consiste en la instalación de un espejo modificado con la inscripción: “Esa no soy yo” en los baños públicos de un centro comercial. Parte de la movilidad emotiva que me sitúa en contra de la regulación de género que se ejerce en los baños a través de la mirada, con respecto a las feminidades normativas heterosexuales, puesto que mi cuerpo está marcado como usurpador de la identidad masculina, mi identidad corresponde a la representación lesbiana de la machorra.
Para éste ejercicio quise generar un dispositivo que redirigiera la mirada y diera cuenta de lo que allí sucede, así que velé la superficie del espejo y conservé sólo la frase inscrita, recordando que la imagen del reflejo no es la que me corresponde, eso que yo debería ser no soy y de acuerdo con la repetición en la performatividad del género, su representación siempre es parcial y nunca corresponde completamente a la norma que reproduce.
Así como en la obra de Lygia Clark mi experiencia vital es el vehículo para entablar un dialogo con la participante, a la que implico en una relación diferente con su reflejo que dadas las especificidades del espacio corresponde a la representación femenina, que al leer: esa no soy yo, también las sitúa en la misma relación en la cual su reflejo nunca alcanza lo femenino por complejo, y es la que hace que el género continuamente deba ser fijado.
Ese direccionamiento hacia esa no soy yo, busca guiar a la participante, a repensar las relaciones de su cuerpo con lo simbólico femenino, donde lo que significa a lo femenino desde las lógicas de lo heteronormativo es el deseo masculino, lo que logra expropiar casi por completo a la mujer de una representación en nombre propio y para sí misma.
Por lo tanto intervenir en esa ficción de la representación femenina, es la forma de distanciarme de los modelos de representación por los que soy llamada a representarme, intervención en la que invito a más mujeres a cuestionarse sobre su propia representación. En donde a través de este cuestionamiento sobre la propia experiencia nos sitúo dentro de los saberes culturales donde lo femenino sólo cobra sentido dentro de los valores culturales.
Es así como para mi la actualización del trabajo de Clark estaría no en entender las lógicas efectivas de un cuerpo neutro, que se entiende a través de los fenómenos de la experiencia, en lo que ella llama una arquitectura biológica, sino sería más bien entender como las arquitecturas sociales han determinado nuestros cuerpos, para así deconstruir la forma en como fueron determinados.

Andrea Barragán.

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